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La identidad digital de una persona se construye a partir de un registro histórico de las publicaciones, interacciones, compras, navegaciones, geolocalizaciones, aplicaciones que utiliza y gestiones que realiza en Internet. Con este gran caudal de datos que ofrecemos a la gran red de redes sucede algo: perdemos el control de la circulación de esa información. En este contexto, por momentos perdemos de vista que los niños y niñas también son constructores de su identidad digital a partir de las mismas interacciones que tienen por sí mismos, dado que desde temprana edad acceden a dispositivos conectados a Internet.

En este marco hay un accionar puntual en los adultos que invita a reflexionar si acaso no son estos quienes empiezan a dejar las primeras huellas de los pequeños a través de fotos, videos o de relatos diarios de su vida con las posibles repercusiones que esto pueda tener a futuro. Esta práctica de compartir lleva el nombre de “sharenting», que deriva de las palabras en inglés sharing (compartir) y parenting (criar). También existe el «oversharing» cuando la exposición es aún mayor. En este contexto la primera recomendación sería que la privacidad de los niños debería ser validada bajo su consentimiento para evitar que ellos sientan algún tipo de incomodidad con lo que subimos y se habla de ellos.

Pero no solo es clave estar al tanto del posible riesgo que conlleva la sobreexposición de los datos de los chicos en internet. También es crucial estar en alerta respecto de cuánto debemos dejar librado al azar la navegación de los chicos en juegos, aplicaciones y sitios. Como todo, entender las buenas prácticas conlleva un aprendizaje tanto para los adultos como para los más pequeños. Es de vital importancia mantener una comunicación fluida con ellos y con los diferentes entornos de la sociedad.

Según un estudio realizado por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a niños y niñas de 8 a 13 años acerca de los cambios de hábitos post pandemia “3 de cada 4 afirman tener un celular propio” y el promedio de edad en que comienzan a incursionar en redes sociales, la edad baja significativamente a los 6 años. Del total de encuestados el 82% dice utilizar Youtube, el 68% Whatsapp y, en tercer lugar, se encuentran los juegos online con un 60%, apenas 3 puntos arriba de Tik Tok, la plataforma de videos que se lleva el 57%. Delitos cibernéticos como el grooming son tan trascendentales que en enero 2020, la compañía Microsoft desarrolló una técnica para su detección a través del Proyecto Artemis.

¿Qué hace más o menos seguro un sitio? Más allá de las características técnicas, es indudable que son las personas el principal motivo. Para Sebastián Stranieri, fundador y CEO de VU, “es trascendental forjar un lazo de confianza con los niños en lugar de prohibir o limitar al extremo el uso de dispositivos para que su utilización sea segura”. Y agrega: “es preferible tomarnos un minuto y acompañarlos en la navegación de esos sitios para aprovechar el momento de enseñanza y aprendizaje”. En ese sentido la prevención y detección temprana de situaciones de riesgo es clave para reforzar una educación digital segura para los más chicos.

Regulaciones

En Argentina rige La ley N° 25.326 de Protección de los Datos Personales que tiene como objeto garantizar el derecho a la intimidad de las personas y los derechos de acceso, rectificación y supresión de datos por parte de sus titulares.

Por su parte, UNICEF remarca la necesidad de proteger la privacidad y la identidad de los niños en línea. “Ningún niño será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación. El niño tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o ataques”, afirma el Artículo 16 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

En la misma sintonía, el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (GDPR) expresa: “Los niños merecen una protección específica de sus datos personales, ya que pueden ser menos conscientes de los riesgos, consecuencias, garantías y derechos concernientes al tratamiento de datos personales.”

Tipos de delitos

Existe una falsa sensación de seguridad dada porque generalmente la mayor cantidad de casos de ciberdelitos se da cuando los chicos están en sus casas o entornos que ellos consideran seguros. Esto genera una percepción de contención que durante la interacción privada con un otro se pierde totalmente. Existen dos delitos principales:

Grooming: un delito en el cual un adulto se hace pasar por un joven para engañarlo, a partir de lo cual se establece un lazo de confianza y empatía para obtener información, datos personales, fotos o videos que luego son usados para extorsión o acoso.

Estas conversaciones pueden durar incluso semanas o meses y comienzan, muchas veces, en salas online como juegos. Esta relación puede trasladarse a un encuentro presencial con un desenlace que puede ser muy traumático para el niño y su entorno.
Si hay pruebas de extorsión ya existen mecanismos legales dentro de las webs y plataformas para canalizar denuncias, por eso se recomienda no eliminar chats o cualquier elemento probatorio.

Cyberbullying: consiste en compartir contenido que puede ser vergonzoso para otro niño o niña. Algunos ejemplos de cyberbullying son: difusión de fotos; hackero de cuentas para hacerse pasar por uno; acoso con mensajes o intentos de comunicación no deseada; amenaza con material sensible que podría ridiculizar a la víctima; discriminación; apartamiento masivo de redes, juegos o Whatsapp sin motivos aparentes. Según una encuesta realizada por Microsoft, al menos el 42% de los chicos que sufrieron cyberbulling reconocen sentirse avergonzados por compartir esto sin su consentimiento.

Recomendaciones para proteger a los niños y niñas

Minimizar los riesgos va acompañado de una serie de recomendaciones que abarca desde cuestiones muy operativas hasta brindar el acompañamiento y contención necesaria para los niños y niñas.
En este sentido es conveniente informarse para poder abordar el tema desde un carácter preventivo y bajo una perspectiva de cuidado para que desde la niñez se puedan advertir posibles inconvenientes y se haga un uso responsable en internet basada en la mejor experiencia posible en Internet. Pablo Lima, Sales Director South Cone de VU ofrece algunas recomendaciones para los adultos:

Cinco reglas básicas:

Hay cinco pautas que no se deben perder de vista a la hora de acompañar a los niños y niñas durante su travesía en línea. Por eso es indispensable conversar con ellos sobre la importancia de:

– No compartir datos personales (nombre real, lugar de residencia, edad, establecimiento educativo, horarios, actividades extraescolares, etcétera).
– No compartir fotos de ninguna clase.
– No exponer contraseñas por ninguna vía.
– Habilitar múltiples factores de autenticación en todos los sitios, aplicaciones y juegos
– Advertir sobre los posibles peligros que pueda tener algún descuido.

¿Qué deben hacer los adultos?

– Confianza y reflexión: es necesario establecer un lazo de confianza con los niños y niñas para que sientan un ámbito de apertura en el que reciban las recomendaciones y que ellos se sientan con posibilidad de contar qué hacen o qué le puede estar pasando a un par. Esto incluye evitar vergüenza a la hora de mostrarle el celular a los adultos de su mayor confianza.

– Uso seguro: acompañar a los niños y niñas en la creación de sus perfiles. A su vez compartir los momentos de chats, juegos y navegación para saber cómo lo hacen y con quién interactúan.

– Seguridad de dispositivos: desactivar el rastreo de ubicación de todas las aplicaciones y sitios.

– Entorno de confianza: evitar que se escondan con el celular. Incluso si tienen una conversación o clase pedirles que lo hagan en lugares donde haya más personas conocidas y de confianza para ellos.

– Revisión de políticas de protección de datos: es importante que las personas adultas revisen las políticas de protección de datos y ajusten la configuración de la privacidad de las aplicaciones y plataformas que los niños y niñas utilizan y las actualicen con frecuencia.

– Conocimiento: es fundamental saber en qué aplicaciones, juegos y sitios navegan, qué información solicita y qué características tiene (chat, imágenes, comunicación por voz o y/o video). Esto incluso requiere de la identificación de los logos e isotipos de las aplicaciones.

– Comunicación vs. adoctrinamiento: ¿Prohibir el uso de dispositivos? ¿Para qué? No es la mejor decisión porque si no lo usa en casa, lo hará en otro lado, incluso a escondidas con menos posibilidad de control por parte de adultos. Para eso es más clave forjar la confianza con los chicos para que se sientan cómodos y seguros de usar los dispositivos con sus adultos más cercanos.

– En caso de detectar que hubo algún contacto con extraños los adultos deberían evitar por todos los medios el enojo y la penitencia para evitar la posible sensación de vergüenza por sentir que quizás se equivocaron. Por el contrario, abrir el diálogo y la empatía son claves en ese proceso.

– Si se supone un caso de grooming, por ejemplo, bajo ningún punto de vista deben eliminarse las pruebas que pueden ser utilizadas para denuncias y pericias.

Ante cualquier duda es requisito acercarnos a los chicos, ofrecerles un espacio de contención. Además recurrir a la consulta profesional o de organizaciones dedicadas a la prevención de delitos de este tipo como Grooming Argentina.

El 21 de agosto se celebra el Día de la Niñez.